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Parece lo mismo pero es muy diferente
escrito por Emilio Hernandez   
Hace unos pocos días, los terroristas de eta hacían estallar un coche bomba en la ciudad riojana de Calahorra.

A primeros de este mes de marzo, eta asesinaba a una persona en Mondragón.

Estamos ante dos actos terroristas. Evidente. Que merecen la condena unánime de los ciudadanos de cualquier clase y condición.

Podría parecer lo mismo, pero casi nada tienen en común. Si acaso que los ejecutores son una banda de descerebraos terroristas que quieren imponerse a toda una Nación. Nuestra Nación. España.

Lo demás es muy diferente.

¿Cuánto tiempo estamos oyendo que eta está derrotada?, y ¿cuántas veces que son inminentes los atentados de estos asesinos?. Qué cosas.

Cuando el último día de campaña nos encontrábamos con la muerte de un ciudadano en Mondragón, la víspera de la jornada de reflexión, y supimos las circunstancias concurrentes en está víctima, además de expresar nuestra solidaridad y condolencias a la familia y formular la natural condena, toda España reflexionó. Es decir la jornada de reflexión tuvo 35 horas, en lugar de las veinticuatro habituales. Pero no fue una reflexión normal. Tuvo un catalizador decisivo.

En plena reflexión sobre el vil asesinato, empezamos a tropezarnos con actitudes que nada tienen que ver con lo que se vería en un Estado de Derecho.

Me doy cuenta de que estoy tratando un tema muy delicado. Pero no por eso me voy a callar mis sentimientos. Sigo.

Cuando se conoce cómo se prohíbe la entrada al candidato del partido en la oposición a la capilla ardiente de la persona asesinada, (por el tal Patxi “Nadie”) la cosa comenzó a clarificarse. Pero cuando escuchamos la lectura de la hija mayor de la persona asesinada, las piezas encajaron de golpe. No es que antes, en las primeras reflexiones, no lo viésemos. No, lo vimos todos desde el primer momento. Pero es que la gravedad del asunto obligaba a permanecer tranquilos y callados.

Otra vez el terrorismo entraba en la campaña electoral. Otra vez se movilizaba el voto, en toda España pero en especial en las Vascongadas, en el mismo sentido. Hacia el mismo partido que en las elecciones anteriores.

Gracias a Dios, esta vez no fueron necesarias otras 193 muertes. Con una sola bastó.

Un mismo denominador común. Los terroristas prefieren, tanto en 2004 como en 2008 al mismo candidato para la presidencia del gobierno de España. ¿Curiosa coincidencia? No, en absoluto. Las encuestas no estaban tan claras a favor del partido actualmente en el poder.

Ahora, en jueves santo, la barbarie terrorista es muy distinta. No se elije a una persona con las condiciones ideales para movilizar al electorado en el sentido necesario. No, ahora lo que se produce es un acto de ¿recuerdo?, pero cuidando de que no hubiesen desgracias personales. Se avisa con tiempo, y solo –les parecerá poco a estos canallas - hay daños materiales.

Sigo exponiendo algo que todos hemos pensado.

Repito lo que acabo de escribir. Los asesinos eligen a la persona adecuada. Es decir, un antiguo concejal de un determinado partido, actual militante de base, sin cobertura de guardaespaldas, de clase trabajadora. Un hombre en la plenitud de su vida. Con sus ilusiones. Con su familia. Porque es también muy importante la composición de la familia. Porque precisamente será su hija la que lea una nota (que ella no escribió seguramente) y donde se hacia campaña electoral en el día de reflexión. Con toda la cobertura mediática. Y claro, finalmente, la hija pronunció la frase definitiva “han matado a mi padre porque es socialista”.

Es natural que una familia que acaba de sufrir el zarpazo terrorista condene el asesinato. Y por ello, sus manifestaciones tienen un eco especial. Nadie se atreve a calificarlas. Todo el mundo calla. Las respeta aunque esté en total disconformidad.

Eso también formaba parte de la estrategia de los asesinos.

Y nos encontramos con otras elecciones trucadas. En las que triunfa el mismo candidato que la otra vez. Y en ambas, el Estado de Derecho no aparece por ningún lado.

Y los medios de comunicación se dividen, como lo está la sociedad española, en dos mitades –ojala no sean definitivamente irreconciliables- los que está a favor del partido que se ve, tristemente, favorecido por las barbaries de los terroristas, no paran de comentar cuanto les apetece. Los otros, los menos, callan en lo principal y miran hacia otro lado.

¿Quién es el loco que dice que España es un país democrático?
 
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