11 de marzo de 2015. "que solas se quedan las victimas "

 

 

¡Que solas se quedan las víctimas, pero más solos se quedan los muertos!

UN DÍA COMO HOY, 11 DE MARZO, HACE ONCE AÑOS TODO SALTÓ ROTO EN MIL PEDAZOS

La vida de 192 personas con sus ilusiones. El corazón y la vida de las familias de esas 192 personas, la integridad física de otras 1.800 personas. La Historia de España. La dignidad de los ciudadanos. El respeto a las leyes, y mil cosas más incluidos hasta media docena de vagones de trenes de cercanías. Todo saltó roto en mil pedazos. Todo comenzó en las primeras horas de la mañana del 11 de marzo de 2004.

Como consecuencia de ese atentado execrable, todo cayó como un castillo de naipes en medio de una dolorosa realidad, “Dios mío, que solos se quedan los muertos”.

Junto a la reacción inicial y extraordinaria de miles de ciudadanos que acudieron a prestar su auxilio, donando su sangre, se iba produciendo con el paso de la mañana del fatídico día otra reacción, esta indeseada e indeseable, que provenía del rencor, del odio, que por desgracia en España está vigente desde hace cientos de años.

Si, porque los ciudadanos se odian entre si por sus creencias políticas, por su clase social. Este odio ha provocado ya cientos de miles de muertos allá por los años treinta del pasado siglo. Pero parece que no ha sido suficiente, que no es suficiente.

Se quiso comenzar de nuevo en 1978. No ha sido posible. Este atentado, con sus consecuencias, lo confirma.

A medida que pasaba la mañana del 11 de marzo de 2004, el cáncer de la política se iba adueñando de la razón de los ciudadanos. Los muertos, en su soledad, pasaban a un segundo plano, pues los habían convertido en una simple y bestial escusa para todo lo que se produjo después.

Se había comenzado culpando a ETA a primeras horas de la mañana, había suficientes antecedentes de lo que son capaces esa colección de canallas sin escrúpulos. Pero hacia media mañana, ya nada era igual.

A la conmoción de los atentados, del conocimiento del número de muertos, se añadía algo, en esencia mucho más grave si cabe, comenzaban las acusaciones hacia el Gobierno. Por primera vez, de forma ostensible, un atentado terrorista en lugar de agrupar a los demócratas los dividía. Si, a esas horas ya había canallas que comenzaban a airear la duda, sin prueba alguna. A esas horas ni tan siquiera estaba terminada de esbozar la estrategia del principal grupo político de la oposición, supongo que muy inquieta ante la oportunidad que se le presentaba. Pero ya los primeros trazos anunciaban que el odio presidiría la contienda que el derramamiento de sangre iba a propiciar.

En España, solo el canallesco asesinato de Miguel Ángel Blanco llenó de ciudadanos de toda edad, condición y de ideario político, las calles de Madrid y del resto de las capitales de España. Después ya nada fue igual, fue como era antes, la división, el odio, el rencor. Incluso lo preside por encima de la dignidad humana. Hasta ese punto salvaje se ha llegado en España.

Desde el siguiente momento al de las explosiones, ya nada fue lógico. Ya nada fue normal. Ni tan siquiera se respetaron a los muertos.

La inminencia de la celebración de unas elecciones generales, para tres días después, no solamente fue el motivo de los atentados, sino que el atentado mismo fue el estímulo para la mitad de los ciudadanos españoles, consciente de su nueva e inminente derrota en las urnas, atisbase una posibilidad de victoria. Porque, aunque les cabree, aunque lo nieguen, así lo reconocían ellos mismos.

Para esa mitad de los ciudadanos que configuran lo que llamamos oposición política, se abrió una puerta a la esperanza de cambiar el resultado de las votaciones que habrían de celebrarse tres días más tarde. Y vaya que la aprovecharon. Usaron todos los medios democráticos (pocos) y antidemocráticos (todos los demás) hasta conseguirlo. Se politizó todo. Se agitó todo. No se respetaron los espacios de tiempo para la reflexión. Se acusó al Gobierno y a los miembros y simpatizantes del partido que le daba soporte, llamándoles asesinos.

Canallescamente, no tenían reparo en llamarles, sin prueba alguna, asesinos. Y precisamente lo hacían ellos (me vinieron entonces y ahora el recuerdo del caso Lasa y Zabala)

Se manipuló la información, se falsearon las noticias llevando la atención a que los atentados eran la respuesta a la intervención de España en la guerra de Irak. Pocos argumentos pueden hacer más miserable a unos ciudadanos. Hasta un afamado Gabilondo daba crédito y cobijo en sus informativos a la existencia, entre los cadáveres, de tres presuntos terroristas suicidas, con tres capas de calzoncillos. Toda mentira podía ser válida para un final que terminaría siendo espurio.

Menos mal que la Doctora Forense blindó el recinto del IFEMA, y no hubo manera de introducir lo necesario para hacer realidad una gran y repulsiva mentira.

Así nos lo gastamos los españoles entre nosotros. Se miente y si es necesario se mata. Por ideas políticas. Manda narices.

La izquierda se hizo dueña de la calle. Se cercaron las sedes del Partido Popular, en lo que era otra parte de la táctica envilecida para provocar la respuesta de las Fuerzas de Seguridad del Estado y dar lugar al estallido de desórdenes civiles, con seguramente más muertos, que retroalimentarían la vorágine convenientemente dispuesta.

Mientras, 192 cadáveres se alejaban de nosotros. Primero acogidos por sus familia, luego sepultados o incinerados. Empezaban a quedarse solos para siempre.

Después, el envilecimiento de la sociedad alcanzó límites insospechados. No se respetó nada. La agresividad era tal que parecía que los muertos y heridos, todos ellos, eran familiares directos de la progresía. Había un odio provocador, buscando achicar, arrasar a quienes no pensaban como ellos. Hasta el entonces Presidente del gobierno fue agredido cuando iba a votar. Fue la forma de justificar sus actuaciones antidemocráticas e incluso delictivas.

Era el momento, había que ganar las elecciones generales, que nadie tuvo los cojones de suspender. Y en el ánimo de todos nosotros están quienes compusieron ese “todos” que demostraron una falta de coraje absoluta, por no adentrarnos en otras vertientes mucha más complicadas.

A partir de ese momento, con una victoria progresista, pírrica, en las elecciones, todo cambió. Hechos con los resortes del poder, ya todo fue coser y cantar. Se habían aprovechado de la muerte de inocentes para ganar las elecciones. Ahora tocaba echar la llave a este episodio.

Era otro triste momento para las víctimas, los familiares de quienes ya no estaban con nosotros. Era, ha sido, el comienzo de su soledad. Al principio autoridades de todo tipo presidían funerales y actos en su recuerdo, pero aquello acabó a medida que el tiempo daba la fuerza suficiente a la versión oficial para poder dar el definitivo carpetazo. Conseguido el triunfo ya no importaba el modo, ni por supuesto quienes fueron los culpables de la masacre.

Pero no contaban con que un grupo de periodistas dieran un paso al frente y descubrieran y airearan cientos de agujeros negros encontrados en las investigaciones que, el aparato del nuevo poder establecido aportaba para configurar la instrucción sumarial.

Si, El Mundo dio un paso al frente, aunque ahora, pasados once años, hasta su nuevo director esté demostrando su falta de cualidades tanto para dirigir el periódico como para refrendar aquellas realidades. Ahora está postrado ante el poder, en busca de limosnas que permitan la continuidad de la existencia del diario y de su permanencia en el nuevo puesto, ya nada es como antes. Se han perdido las formas. ¿dónde quedó la dignidad?

Aquellos trabajos de El Mundo, de entonces, nos trajeron el poco aire fresco que se puede respirar desde ese momento fatídico, 11 de marzo de 2004. Se desmoronaba la versión oficial, al frente de la cual, supongo, estaría un afamado “Químico”

La publicación sucesiva de las piezas que no encajaban en la instrucción fueron nuevos estímulos para quienes solo amamos a España y buscamos la verdad del atentado.

No, ya nada encajaba. El Juez Instructor Sr. Del Olmo, era arrastrado por la diaria actividad del soporte policial y político. El caso del Bórico, los informes firmados por quienes no les correspondía, la destrucción de restos de pruebas, la aparición de la mochila de Vallecas, las sorprendentes “pruebas” que aparecen en la Renault Kangoo, el Jefe de los Tedax custodiando en su domicilio una bolsa que debía estar aportada al sumario, etc. Todo era una sucesión de piezas, de otro rompecabezas, que se insistía en hacer encajar en el que se iba construyendo para dar forma a esa versión oficial y claro resultaba imposible.

La celebración del Juicio supuso un escándalo de consecuencias desproporcionadas. El Tribunal hurtó a las defensas y acusaciones particulares la prueba fundamental, que el mismo había decretado practicar en los momentos previos al inicio del juicio, para conocer qué explosivo fue el que estalló en los trenes.

Es una evidencia tan grave, que debió llevar a la nulidad de todo lo actuado. Pero todo estaba preparado para el gran carpetazo final. Para ello dictó una sentencia infumable, criticada por toda la prensa occidental. Se cerraba el juicio sin que se condenase a los autores intelectuales de los atentados. Un disparate más, un paso hacia el final.

Tiempo más tarde, El Mundo publicaba cómo se había encontrado esa grabación, identificada con un título que nada tenía que ver con su contenido, y “escondida”, así podría decirse pues además estaba mal archivada, en dependencias judiciales. La grabación llenó y seguirá llenando de oprobio a todo ciudadano honesto que la vea. Constituye una prueba de la inexistencia de una Justicia independiente y democrática. Había restos de titadyne, y no de goma dos eco “y vale ya”.

Otro escándalo monumental fue conocer cómo “suicidaron” a ocho presuntos terroristas en Leganés, ¿qué hacían allí en un piso que ya la Policía había usado antes? Solo hay que apostillar, que en su soberbia y en su descaro, nos tratan como a marginales sin conocimientos. Conspiranóicos nos llaman. Ellos son algo mucho peor.

¿Puede tener soporte que los ocho presuntos terroristas llamasen para despedirse de sus familiares, desde un único terminal telefónico, cambiando cada vez la tarjeta, teniendo todos ellos su terminal? Vomitivo señores, vomitivo, ¿tiene pase que no se practicaran las obligadas autopsias?

Pero todo siguió. La Fiscal Olga ya dijo en su momento las palabras mágicas, “ es goma 2 eco y vale ya”, dijo lo que había estallado en los trenes, porque ella así lo consideraba y porque además, cuestionarlo hacía caer totalmente la instrucción del sumario. Es una prueba más de la “eficiencia” de nuestra Justicia.

Todo fue una pesadísima, una macabra, realidad.

Pero la realidad es que hay que reconocer, aún forzadamente, que frente al Estado es difícil enfrentarse, y más por las buenas aunque parezca lo contrario.

Hoy el paso del tiempo y los acuerdos de un sistema político infumable que apesta a corrupción, ha dispuesto, tal vez sea mejor decir que ha ordenado el archivo definitivo de este caso. Curiosamente el ciudadano no puede tener acceso a él. Todo sigue custodiado por la Policía, celosa del mantenimiento de una verdad oficial que es tan falsa que en lugar de mostrarla, de exhibirla once años después, la oculta, y la seguirá ocultando.

Desde que se comienzan a conocer los agujeros negros del sumario, de la investigación, muchos ciudadanos salimos a la calle a exigir la verdad. En más de 50 ciudades cada día 11 de cada mes, estos ciudadanos gritábamos que queríamos saber la verdad. La prensa y La Cope, recogían, mes a mes, esta realidad.

Pero el paso del tiempo y las tácticas políticas han casi terminado con este “foco de resistencia ciudadana”. Es la realidad. Aunque nos duela. Ya apenas nadie hace nada. Si le preguntan a alguno de aquellos puede que se anime a contestar reclamando la verdad. Por lo general quienes clamamos por la verdad vamos camino de convertirnos en una minúscula partícula que ya no levanta clamor alguno.

Es la evidencia, pero que no se olvide de que ese grupúsculo, aunque sea solo en cuatro ciudades de aquellas 50 iniciales, sigue en la calle, cada día 11 de cada mes, exigiendo la verdad, denunciando la realidad de un gran golpe de estado cruento, que ha cambiado el rumbo de la Historia de nuestra España. Porque nos negamos a apagar la llama del recuerdo definitivamente.

Han pasado ya cuatro mil diecisiete días, desde aquella mañana. Las víctimas han sido ninguneadas, marginadas y engañadas por gobiernos de ambos colores. Ya son una pesada carga.

Se han abortado desde la judicatura, todos los intentos de que se investigaran alguno de los innumerables agujeros negros. En algunas ocasiones demostrando con sus decisiones una realidad que el asunto ya lo han cerrado, ¿la verdad, a quien le importa?

A modo de resumen, se impone la realidad que recogió, hace muchos años, el gran poeta Gustavo Adolfo Bécquer:

Despertaba el día,
y a su albor primero
con sus mil ruidos
despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
de vida y misterio,
de luz y tinieblas,
yo pensé un momento:
¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!!

Cuatro millares largos de amaneceres que ya no son iguales porque a los ciudadanos se nos ha engañado, porque a 192 personas las han matado, porque la “casta política” ha renunciado al deber del esclarecimiento de la verdad del 11 de marzo de 2004, para castigar a quienes lo planificaron, financiaron, organizaron y ejecutaron este crimen.

Tengo, dentro de mi, una espina clavada, muy dolorosa, es el sentimiento de que en España, cuando algo molesta o se interpone en los fines políticos, se mata. Cánovas, Canalejas, Dato, Prim, son el inicio de un largo etcétera que manchan nuestra Historia.

¿No es posible que todos los ciudadanos españoles amemos a España, nuestra nación?. La mitad de ellos prefieren abrazarse a banderas anticonstitucionales, porque para ellos, la justicia y la verdad es solo lo que a su pensamiento político le interesa. ¿es posible caminar juntos?, no, esa es nuestra desgracia y una de las razones del uso antidemocrático y tal vez hasta delictivo que se hizo de este atentado. Había que ganar las elecciones para seguir impidiendo la reconciliación.

Mis compañeros y yo, y tal vez tu, lector, seguimos queriendo saber la verdad del atentado criminal del 11 de marzo de 2004, caiga quien caiga.

La otra verdad, la más dolorosa, esa la conocemos:

¡Dios mío, que solos se quedan los muertos!

En su recuerdo y en la exigencia de la Justicia, gritemos hasta desgarrar nuestras gargantas:

QUEREMOS SABER LA VERDAD
QUEREMOS SABER LA VERDAD
QUEREMOS SABER LA VERDA

Madrid, Torre de Cercanías de la Estación de Atocha, 20:00 horas
Torrelodones, Plaza de la Constitución, junto al estanco, 20:00 horas
Vigo,  Calle del Príncipe, junto al Museo Marco, 20:00 horas SIN ACTO. SOLO PRESENCIA.
Barcelona, Plaza de San Jaime, 20:00 horas

 Si a ti no te da igual el 11M y quieres que se sepa la verdad, eres un Peón Negro. Que se entere todo el mundo.

No pasas página; eres un Peón Negro

Aunque estés cansado, lo que nos mueve es superior al cansancio #QueremosSaber

Haga frío o calor con PP o con PSOE.

Carteles en Alta resolución: Vigo, Torrelodones, Madrid, Valencia y Barcelona

Si quieres versión en blanco y negro o para otra ciudad, pídelo a: prensa @ peonesnegros.info

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CIUDADANO, EL PRÓXIMO 11 TE ESPERAMOS.

"TODOS SOMOS PRESCINDIBLES PERO TAMBIÉN TODOS SOMOS NECESARIOS. CONTAMOS CONTIGO"

REPORTAJE FOTOGRÁFICO:,...