11 de junio, los corruptos han secuestrado la verdad del 11M

Madrid, Torre de Cercanías de la Estación de Atocha, 20:00 horas
Torrelodones, Plaza de la Constitución, junto al estanco, 20:00 horas
Vigo,  Calle del Príncipe, junto al Museo Marco, 20:00 horas
Barcelona, Plaza de San Jaime, 20:00 horas

Son cuatro punto de otras tantas ciudades. Son las que ahora quedan.

En esos puntos, cada día 11 de cada mes, haga frio o calor, llueva o nieve, un grupúsculo de ciudadanos levanta su voz exigiendo la investigación del crimen del 11 de marzo de 2004. Lo llevan haciendo desde hace más de ocho años, mes tras mes, año tras año. Ni un solo mes han faltado, aunque en alguno de ellos han tenido que soportar la incompetencia de los poderes, cuando les han denegado el permiso por coincidir con períodos electorales.

Son un auténtico ejemplo de tenacidad. No pueden con ellos, ni banales intentos desde alguna administración, ni la continuada postura obstruccionista de algunos jueces y el poder establecido.

Antes también hubo concentraciones en Valencia, Plaza del Ayuntamiento, Logroño, en El Paseo, junto al Espolón, Málaga en la Plaza de España, Torremolinos, La Coruña, Pamplona, Alicante, Murcia, Badajoz y otros muchos lugares más.

Era, y es, la representación de la dignidad de unos ciudadanos que en forma alguna aceptan que el poder establecido imponga sus prioridades, por encima de todo.

En algunos momento llegaron a ser 55 ciudades en toda España. El ciudadano se rebelaba, y se rebela, contra el político. Exigía, exigimos, la verdad del 11 M. Fuimos miles, hoy algunas decenas.

La dignidad es el precio que se paga cuando se acata, sin base alguna, la imposición  injusta desde el poder establecido.

Atrás han quedado 192 cadáveres. Sin saber por qué, pagaron el precio más alto, sin culpa alguna. Y todo para que un pueblo indigno cambiase su voto y eligiese a un individuo que habría de hundir a España, en lo moral y en lo económico. Un ser incompetente que quiso desenterrar a otros muertos, para enfrentar a los españoles.

En definitiva, una masa de individuos eligió al candidato de los terroristas. Pues los atentados se llevaron a cabo para que no ganase un partido político que amenazaba con perpetuarse en el poder. Lo había hecho muy bien en lo económico y con ello impedía la alternancia, con las prebendas, y otro tipo de gabelas que encumbran a determinados individuos que han hecho de la política su medio de prosperidad, que ya no solo de vivir.

Han pasado muchos meses. Han sido muchas veces las que estos puñados de ciudadanos han recogido las escasas pertenencias que poseen para montar un pequeño estrado desde el que clamar al viento su repulsa por el mundo de mentiras que se ha construido, por el muro de silencio que se mantiene, por la actitud pasiva desde la justicia respecto del crimen execrable que se llevó a cabo el 11 M.

Nada les importa a aquellos que siguen oponiéndose  a que conozcamos la verdad del 11 M., ni presentación de querellas ni cualquier otro tipo de procedimientos penales en la persecución de la ocultación y destrucción de pruebas, en la exigencia de la penalización por la obstaculización de la investigación,  para que se castiguen posibles falsos testimonios. No hay manera. Las investigaciones se eternizan y ante la evidencia de que la luz aparece, siquiera sea de forma fugaz, otra resolución judicial se encarga de apagarla. No se quiere entrar en el fondo del crimen.

Pasa el tiempo. Algunos de los condenados ya han abandonado la prisión y con su salida han desaparecido del suelo patrio. Se les manda ¿a dónde? , a cualquier lugar, para que no aparezcan nunca más, ¿para que no puedan prestar nuevas declaraciones?, ¿para que con sus testimonios no desvelen parte del escándalo?

Todos conocemos que la instrucción del 11 M fue un escándalo. La incompetencia y el trasiego de pruebas más que cuestionables fue dirigiendo el sumario hacia un punto desde fuese manejable. El juicio fue una atrocidad. Se llegó a escamotear la práctica de la prueba de los explosivos que ordenó el presidente del Tribunal, ¡dos veces condecorado por quien, desde bastidores, preparó el golpe maestro –el golpe de estado- que llevaría a su partido al poder!

Antes, curiosamente reunieron a un grupo de árabes en una casa que la policía la había usado para otros menesteres. ¿para que se iban a reunir después de cometer el crimen?, y precisamente allí. Después, y allí, en una ceremonia esperpéntica, según los relatos, todos decidían poner fin a su vida después de una aberrante despedida con el mismo terminal telefónico y con cambio de tarjeta en cada llamada.

Es difícil superar este paradigma de lo que no debe ser ni una instrucción ni un juicio.

Todo estuvo muy bien tutelado. Ganadas las elecciones ya era fácil asestar el golpe de gracia a la investigación. Otro golpe de estado sin aclarar.

Hoy, todavía, esos grupúsculos de ciudadanos, siguen sin perder la fe. Saben que no es imposible conseguirlo. Ya han dedicado esfuerzo, ilusiones, tiempo y recursos en esa lucha titánica. Saben que no están solos. Que hay otros miles, tal vez algún millón de ciudadanos que, como ellos, saben que el 11 M es un enigma que arrebató la vida a 192 inocentes y que nadie del poder, absolutamente nadie, quiere investigar de verdad.

Por eso, porque saben que aunque a sus actos no van, son muchos ciudadanos más los que en un momento determinado se unirán a ellos en la petición, en la exigencia, de la verdad de este horrible atentado, siguen celebrando sus actos. En esos cuatro lugares de España.

Esos cuatro grupos de ciudadanos comenzarán en pocos momentos a recoger esos equipos de sonido, esos pertrechos, que les ayudan a montar su escenario desde el que clamar a viva voz la verdad del 11 M.

Aquellos otros que un día dejaron de reunirse no lo hicieron porque ya sepan la verdad de lo que ocurrió. No es que hayan dejado de clamar  por la verdad. Lo que ocurre es que hay que ser muy fuerte para aguantar estoicamente, contra viento y marea, mes tras mes, año tras año, y comprobar que el grupo puede perder efectivos. Gente que cansada cesa en su actitud, que no en sus convicciones. Porque quien se unió a aquellos grupos, quien permanece en estos grupos, quien ha profundizado, razonado y exigido la verdad del 11 M., no deja de sentir en su interior ese deseo, esa necesidad de vencer a un grupo de políticos que no quieren conocer tal vez porque sepan que es lo que de verdad pasó aquél día maldito.

A quienes estas líneas lean, les pedimos su esfuerzo, bien a través de Twitter, bien con su presencia en esos cuatro lugares que detallaba al comienzo. Son necesarios. Todos lo somos, cuando de lo que se trata es de doblegar posturas incomprensibles.

¿a nadie le importan los 192 muertos?, ¿en tan poco valoramos la vida humana?

Por eso, cada día 11 volvemos a comenzar con nuestro rito. Se recogen los equipos de sonido, alguna bandera de España, algunos objetos de recuerdo y otras cosas más que nos son útiles para que, otro mes más, estemos allí. De pie. Ante el poder establecido. Exigiéndole que investigue la verdad del 11 M.

Y clamamos hasta enronquecer.

QUEREMOS SABER LA VERDAD

 Si a ti no te da igual el 11M y quieres que se sepa la verdad, eres un Peón Negro. Que se entere todo el mundo.

No pasas página; eres un Peón Negro

Aunque estés cansado, lo que nos mueve es superior al cansancio #QueremosSaber

Haga frío o calor con PP o con PSOE.

Carteles en Alta resolución: Vigo, Torrelodones, Madrid y Barcelona

Si quieres versión en blanco y negro o para otra ciudad, pídelo a: prensa @ peonesnegros.info

Si no puedes asistir apoya a la quedada tuitera de los #11decadames a las 10 de la noche con @peonesnegros y #11M y #QueremosSaber

Ciudadanos como tú hacen que este movimiento siga vivo y libre.

CIUDADANO, EL PRÓXIMO 11 TE ESPERAMOS.

«TODOS SOMOS PRESCINDIBLES PERO TAMBIÉN TODOS SOMOS NECESARIOS. CONTAMOS CONTIGO»

REPORTAJE FOTOGRÁFICO:,…